Tapachula, Chis. 31/01/2023 22.29oC

Ivonne entre gitanos

Por: Guillermo Ochoa Montalvo

Querida Ana Karen, Hoy Ivonne convirtioa aquella niña campesina en una Mujer, inspiración de mujeres y hombres que con su ejemplo marca huellalsprofundas como lider natural en Chiapas y el mundo; te platico de ella.

Ivonne ya no es aquella chiquilla, mitad árabe mitad indígena, corriendo entre los cafetos de San Jerónimo sin presagiar que su suerte sería el de una gitana a partir de los once años. En sus recuerdos, quedan grabadas las escenas de un incendio consumiendo su enorme casa; la vivencia del fuego aterrador abrasándola mientras trata de salvar al más pequeño de sus hermanos.

Los médicos ocultaron las heridas a un costo de dos años de internamiento hospitalario en Monterrey  y con ello, la merma de patrimonio familiar, pero en su memoria ella sigue envuelta en llamas. Así como el Ave Fénix sucumbe al fuego cada 500 años para resurgir entre las cenizas, Ivonne resurge cada tanto, para darle a su vida un nuevo sentido.

El fuego, lo conserva aún en su mirada; es una luz intensa destellando ideas que con energía, Ivonne concreta en incansables luchas por reivindicar a las mujeres indígenas que se debaten entre la fatiga de las faenas y la opresión de una sociedad machista. La observo intensa en sus debates; tierna en sus charlas; condescendiente al impartir los talleres a las mujeres de la sierra Mam; maternal al guiar a las mujeres maltratadas. La percibo fuerte e incansable en su misión como mujer, pero niña a la vez, en su fuero interno; adolescente en busca del amor. “Soy una mujer – niña, siempre me lo han dicho”, reconoce ella como sintiéndose descubierta cuando se lo comento.

Entrada la madrugada, la cabaña despide un aroma a maderas, a café y bosque húmedo. En la mesa aguarda un whisky desairado. Miriam y Alexander no resistieron el sueño y nos dejaron charlar largo hasta el amanecer, retirándose a su recámara. En medio de los sonidos del silencio escucho la voz de uno de esos cantantes de jazz entonando “Cuando regrese a Phoenix. ¡Qué curioso! Pensé en el ave Fénix y Phoenix significa lo mismo: Rojo. Pero el jazz me conduce por otros caminos del pensamiento y entonces, quisiera decir con Clint Eastwood: “Toca Misty para mí”.  Nebuloso: así veo el paisaje desde la ventana de madera, así me siento en este instante.

Dejamos pasar a los fantasmas del pasado para recorrer con ellos la memoria de nuestro presente, ¿qué seríamos sin nuestros fantasmas? ¿Sin esa huella que dejan a su paso en nuestras emociones, en nuestra mente, en nuestros cuerpos? Espíritus omnipresentes que no pocas veces quisiéramos exorcizar cual demonios taladrando fuerte en nuestra identidad.

Ivonne inicia con el rescate de sus propios espíritus. El de su abuelo Alejandro Córdova quien al unirse en concubinato con una mujer mestiza de origen árabe e india, le configuran ese sentido tan sibarita cual árabe como indómita mujer mam; así se asume: cuerpo de india y rostro de árabe. Y yo agregaría: pies de gitana con mente universal.

De su padre guarda el dolor de su muerte prematura, con su madre apenas termina ese largo proceso del perdón mutuo que as circunstancias nos hacen comprender sólo cuando se llega a la edad madura. Su padre, hijo de don Alejandro Córdova, al casarse con la hija del caporal de la finca, parten hacia Trinidad para trabajar en el beneficio de café de los Brown; pero el matrimonio al ser marcado por la tragedia conduce a la pequeña Ivonne lejos de sus raíces con un rencor infantil que no habrá de sanar sino con el tiempo y la experiencia de vida, pero sobre todo con el despertar de la conciencia india y el compromiso con la mujer rural. Un largo recorrido para llegar a esta conclusión. Un sendero de altibajos y pasos nómadas entre México y Estados Unidos.

Ivonne se ve a sí misma saliendo del hospital con destino a la Ciudad de México de donde partirá hacia el estado de Veracruz para vivir entre parientes paternos  lejos de la madre y un padre ausente.  Un destierro incomprensible a la sensibilidad de una adolescente que empieza a descubrirse como mujer cuando conoce al que sería el padre de su hija; un estudiante de ingeniería naval con quien habrá de recorrer otro sendero en su despertar. Veracruz la condujo al primer amor, al matrimonio. Tampico le obsequió a su única hija: Ivonne, el amor de su vida.

En uno de esos giros imprevistos, cuando uno piensa que el amor es para siempre y se confirma que así es: “el amor es para siempre… hasta que se acaba”, Ivonne retoma su vida en compañía de su pequeña hija para regresar a sus terruño, nueve años después de ese exilio impuesto.

Ivonne no se reconoce en Trinidad; Chiapas le es ajeno, es una herida en su vida, una referencia confusa, sentimientos encontrados, sitios irreconocibles que la memoria ha querido enviar al olvido y nada, nada, le retiene a pesar de contar con trabajo en el hotel de don Antonio Valera. ¿Pero qué habría sido de Ivonne sin esa escala obligada en Trinidad? ¿Habría conocido a Margarita López Portillo de cualquier forma? Lo más seguro es que no. Los viajes marcan destino y nos conducen a nuevos sitios lejos, muy lejos de nuestra posibilidad de siquiera imaginarlos.

Las circunstancias colocaron a Antonio Ansueta frente a Ivonne para proponerle trabajar con doña Margarita, aquella mujer que sembró cultura en el país a través de la amplia red del Fondo para las Actividades Sociales, (FONAPAS). Sin pensarlo mucho, Ivonne parte de nueva cuenta a la Ciudad de México  para recorrer el país a lado de la escritora y promotora cultural que fue doña Margarita López Portillo. En Oaxaca, Ivonne conoce a María Sabina, descubre las posibilidades del arte y las artesanías mexicanas; reconoce la cultura popular y la elitista. Como asistente de la señora, aprende a identificar a intelectuales, artistas y políticos; el trabajo la conduce de manera vertiginosa de frontera a frontera y de costa a costa en lo que sería su mayor aprendizaje de vida.

Pero sus pies inquietos le piden descanso para dedicarlo nuevamente a su hija a quien mantiene lejos de ella durante esos 3 años. Los hijos atan, y en especial a una mujer arraigada en la cultura tradicional. ¿Cómo conciliar la necesidad de construirse como mujer  al tiempo de velar incansablemente por la hija? Eso, únicamente lo saben las mujeres trabajadoras e invencibles. Así, el dilema siempre está martillando: ¿ser madre o ser la mujer que se construye? Y en un país tradicional como México, la respuesta no es sencilla. Ambas cosas, parecen ser irreconciliables.

Ante tal decisión, doña Margarita, recomienda a Ivonne para ingresar al servicio aduanal. El amor toca de nuevo a su puerta con Ricardo, un periodista marcado por la tragedia y tras un matrimonio breve de tres meses, él muere, un amor suspendido intempestivamente: amores que no cristalizan, se idealizan. Un largo luto viajando de aduana en aduana; de Chihuahua a Tamaulipas, de México a cualquier otra parte; pies de nómada que la conducen de pronto a Tapachula donde conoce a un músico que cambiaría su historia.

Sí. César Acevedo entra de pronto a su vida sin previo anuncio, sin espera ni demora. Llega con su talento de pianista y compositor, como integrante de aquel grupo peruano conocido como Pasteles Verdes creado por los hermanos César y Hugo Acuña Lecca en los años setenta; pero César llega en los ochenta para conquistar al público mexicano y de paso a Ivonne, una mujer ansiosa en busca de compositor, de alguien capaz de cantarle al oído.

A partir de entonces la música acompañó su existencia viajando con su compositor de un lado a otro, ya fuera por cuestiones aduanales, ya fuese por conciertos en giras interminables. Sí, su vida se llenó de música de México a Perú haciendo renacer la ilusión y el amor… pero el amor es un gitano y dura por siempre… hasta que se acaba; y un giro de nuevo la dejó sola esperando en el umbral en un país ajeno y lejano del hogar.

Se instaló en Estados Unidos, lejos de la patria, lejos de los encinos y cafetos; lejos de su propia historia; pero ningún lugar es demasiado lejos cuando la memoria nos acompaña despertándonos con sus gritos en la madrugada. Y de vez en mes, Ivonne viajaba hacía las montañas chiapanecas al encuentro de lo que no lograba descubrir. ¿Qué podía arraigarla en Chiapas?

Sin embargo, la lejanía construye nostalgias y la distancia nos devuelve una extraña claridad al paso del tiempo. Un viaje por avión, le puso en las manos la noticia del levantamiento armado en Chiapas. Leyó a Marcos y en la foto, vio aparecer a una mujer llamada la comandante Ramona, una indígena con la mirada irradiando el coraje de todas las mujeres, el valor que lleva dentro la sangre india, el despertar de la raza. Algo en el interior de Ivonne se sacude muy dentro de ella.

Ivonne suspira al comentármelo como si la sacudida aún la persiguiera.

— ¿Otro whisky?, me pregunta, dándose tiempo para proseguir la historia. Los fantasmas se encuentran reunidos hoy en esta cabaña de velas encendidas; retratos de Ivonne colgando de las paredes de colores encendidos; el viento corre fresco bajo una inmensa la luna más grande y cercana que nunca, casi tocando el bosque.

—La comandante Ramona tuvo mucho que ver en mi camino, Esa mujer me redescubrió esa conciencia infértil dentro de mis incapacidades, dentro de mí. Una conciencia que estaba ahí dormida, y a raíz de eso siempre me decía que tenía que regresar a Chiapas por algo y con algo. Y regresaba a Chiapas, pero al mismo tiempo, me decía: no, no, no, yo ya no quiero lavar mi ropa en lavadero y vivir en un pueblo sin futuro… algo en mí se resistía a quedarse pero al mismo tiempo no deseaba regresar a San Diego; y cuando estoy dispuesta a viajar a EU conozco al alcalde de Unión Juárez quien me ofrece la dirección de Turismo y pensé: es una señal para trabajar por esta región. Así que me involucré en la remodelación del parque… viajando cada vez que requería dinero hacia San Diego.

—El retorno a La Trinidad fue un encuentro con los fantasmas del pasado, una reconciliación con ellos; el rencor se disipaba al paso de los años y el perdón afloró una vez más. Era necesaria la reconciliación con mi madre: perdonarme y perdonarle la ausencia, la separación, el abandono; pude comprenderla en sus razones y circunstancias; entré en su mundo interior y en el mío propio. Y nos perdonamos mutuamente. Empecé a participar en las decisiones del pueblo… qué risa me da ahora haber sido la presidenta de obras, pero desde ahí, logramos la construcción del camino y los andadores.

—No es que el tiempo cure heridas, sino que el tiempo nos enseña a no lamer las heridas infatigablemente impidiendo que éstas cicatricen. Así que reconciliada conmigo misma, participo como presidenta De la Feria y una cosa te lleva a otra y para sorpresa de muchos, me eligen Presidenta del Comisariado Ejidal, ¡Imagínate! ¡Una mujer de comisariada ejidal en este estado misógino!

Ahora es Grover Washington Jr. quien interpreta To Night y mi mente vuelve a insistir: Toca Misty para mí, me digo, mientras espero a que regrese Ivonne a su lugar para continuar el paseo entre fantasmas.

—Mi vida cobró sentido en este lugar. Mi hija decidió quedarse a vivir en los Estados Unidos y yo, de pronto me encontré trabajando para las mujeres de mi estado. Eso sucedió al participar en algunos foros del Instituto de la Mujer con el tema de la “mujer rural” donde Marcela Laguna me descubre y me invita a otros foros más donde empiezo a relacionarme con los líderes de los pueblos indios y con la mujeres periodistas e intelectuales que conforman el Grupo Amplio de Mujeres en donde participa periodistas e intelectuales como Elvia Quintanar, Tere Olvera, María Cruz Hernández, Guadalupe Moreno, Marcela Laguna.

—Mira, me dice muy seria, no pertenezco al grupo de Semilla para Crecer del Programa de Banmujer que ha crecido con más de 50 mil mujeres, pero de ahí, me enviaron a estudiar el diplomado de Liderazgo y Políticas Públicas sobre Equidad de Género; luego, el director de Pueblos Indios, me invitó a estudiar Derecho Indígena para trabajar con los líderes de los pueblos indios en cuestiones de igualdad de género. Y más tarde, Marcela me involucró en un diplomado sobre Desarrollo y Género el cual me abre un amplio panorama sobre la situación de la mujer en Chiapas. Eso fue decisivo para iniciar mi trabajo como facilitadora en los talleres que se imparten a las mujeres e incluso, al Colectivo de Hombres con quienes realizamos una fuerte labor de trasformación. ¿Sabes cual es el trasfondo de la violencia intrafamiliar en estos lugares? Te lo digo: La incapacidad de nuestros hombres para aceptar, demostrar y expresar sus afectos. Para ellos el amor es dominio, fuerza, imposición, violencia al tomar a las mujeres porque así lo han vivido y la demostración de debilidad se asocia a la ternura, a la caricia suave, a la palabra de amor.

El trabajo con las mujeres indias, acercó a Ivonne a otra realidad, muy lejana al American Way of Life de la que quizá no habría salido si no fuera por ese enfrentamiento crudo con su propia realidad.

— Nuestra fuerza son los recursos naturales. Mi fuerza es todo lo que ha vivido en este grupo amplio de mujeres líderes. En Chiapas ya no vamos a dar un paso atrás porque ya estamos en ello; ya no nos importa la figura de los gobernantes, pues ya no vamos a rogar sino a plantear el qué y cómo lo queremos. Por eso he retomado el tema de la violencia familiar bajo el lema “Rastros de violencia y rostros de libertad”.  Rastros que son de sangre y lágrimas; rastros que son huellas de violencia hacia las mujeres en Chiapas, pero al romper el silencio, al sembrar la cultura de la denuncia; al restablecer la confianza de la mujer india con un auto estima elevado, nos conducen a los rostros de libertad. Y en esa misión, me encuentro conmigo misma y me reconcilio con mi propia historia.

— La mujer campesina aún está inmersa en la sumisión por cuestiones culturales; es un miedo interno que debemos desterrar para que rompan el silencio desde la casa, su comunidad, para lograr que su voz se escuche en el país y el mundo entero.

Ivonne no descansa. La agenda del Grupo Amplio de Mujeres no se lo permite. Lucha por las reformas a las leyes y a los procesos administrativos tan burocráticos que hacen prácticamente imposible la erradicación de la impunidad ante la violencia intrafamiliar. Trabaja en la construcción de un marco jurídico para romper con la indiferencia de los ministerios públicos, con su indolencia y por eso pugna porque la mujer indígena participe también como Ministerio Público.

—Mira Guillermo, es inconcebible el vía crucis que una mujer india, abusada o maltratada, debe caminar para poner una denuncia. Primero, enfrenta a la burocracia teniendo que denunciar el hecho ante el juez rural de su comunidad; éste le extiende una boleta días después para que acuda ante el Juez Municipal quien habrá de valorar los hechos y si así lo considera prudente, la remite ante el Ministerio Público. Pero para esto, ya pasaron varios días, ya gastó su dinero en pasajes y a veces, en hospedaje y comidas para lo cual no cuentan con dinero. Y cuando finalmente es atendida por el Ministerio Público, se enfrenta a la insensibilidad y machismo de estos “licenciados” licenciosos quienes al no ver sangre fresca, no le dan entrada a la demanda.

¡Imagínate! lo que pasa por la mente de una mujer india antes de acceder a denunciar los maltratos de su marido. En primer lugar, la detiene el miedo al hombre; luego la incertidumbre de qué sucederá si lo encierran en la cárcel; la presión de los familiares por su desconsideración; el miedo a no saber cómo sostener los gastos de la casa; las amenazas de los familiares; y cuando al final se decide, debe enfrentar el desprecio y majadería de los Ministerios Públicos sin contar con los gastos que ya te mencioné. Pero en eso estamos, en una cultura que rompa el silencio y obligue al varó a respetar a sus mujeres e hijos. Una cultura que debe partir de reconocer que amor no es debilidad sino fortaleza familiar. Y para ello, seguiremos trabajando sin descanso porque hoy sé cual es mi  misión y compromiso con Chiapas y sus mujeres indígenas, al fin lo pude descubrir y de ese camino no deseo apartarme jamás.

La luz de la mañana entró por la ventana y los fantasmas partieron sin hacer ruido. Dos horas de sueño y de nuevo nos volvimos a encontrar en el almuerzo con Miriam y Alexander dispuestos a partir hacia San Cristóbal de las Casas como buenos gitanos que son; y yo, de nuevo a seguir el camino de mi pies gitanos, en tanto Ivonne se preparaba para acudir a su cita con las mujeres, una cita con su propio destino.

25/01/2023