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Diario de Campo conmemora 20 años del Programa Nacional Etnografía de las Regiones Indígenas de México

  • La revista analiza de forma crítica los aportes y retos de esta importante iniciativa del INAH, en un número doble presentado en la XXXII FILAH.
  • "Este proyecto nacional ha contribuido a dar sustento científico al reconocimiento de la diversidad cultural del país, aún ausente en sectores de nuestra sociedad”: Diego Prieto.

Apenas moría el siglo XX, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concibió uno de sus proyectos nacionales de más largo aliento: Etnografía de las Regiones Indígenas de México, con el objetivo de conocer a profundidad las condiciones de estas poblaciones en tiempos contemporáneos. A dos décadas de aquel inicio, sus innumerables aportes deberían ser utilizados como una guía para el trazo de políticas más asertivas en torno a estas sociedades.

Esa fue una de las conclusiones esgrimidas en la presentación del número 8-9 de la cuarta época de Diario de Campo, revista de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH, dedicado a revisar las contribuciones de esta iniciativa. El volumen doble fue comentado virtualmente por reconocidos expertos en la XXXII Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH).

Para el director general del INAH, Diego Prieto Hernández, quien coordinó el equipo regional del estado de Querétaro, este programa nacional sistemático ha permitido, mediante distintas líneas de investigación, establecer una definición más puntual y actualizada de la diversidad de pueblos, comunidades y regiones indígenas de nuestro país.

Si bien se ha desarrollado “con sus altas y bajas, sus tropiezos, discusiones y confrontaciones, ha tenido 20 años de continuidad gracias al esfuerzo de distintos equipos de trabajo que han gozado del apoyo y la cobertura del INAH, para efectuar múltiples temporadas de trabajo etnográfico de campo, de sistematización de resultados y de reflexión etnográfica y etnológica.

“En retrospectiva, estamos hablando de un número significativo de investigaciones que marcan un antes y un después para la etnografía en México, para la etnografía mesoamericanista, por sus dimensiones, pero también por sus resultados, ya que han contribuido a dar sustento científico  al reconocimiento de la diversidad cultural de México, presente desde las reformas constitucionales, pero ausente en muchos sectores de nuestra sociedad”, estimó el titular del INAH en la transmisión efectuada por la plataforma www.feriadelibro.inah.gob.mx, como parte de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

A decir de la experta del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, de la UNAM, Paula López Caballero, esta entrega de la revista, la cual conmemora 20 años del Programa Nacional de Etnografía, debe ser un referente para el gremio antropológico, porque brinda un panorama de lo que ha significado desplegar a más de un centenar de especialistas para conocer de viva voz a comunidades históricamente invisibilizadas.

Algo valioso del doble número, dijo, “es el equilibrio entre los artículos que destacan los logros y los textos más críticos, en ese sentido, superan el carácter celebratorio de la iniciativa y abren vías para mejorar sus alcances”.

Retomando esta reflexión, señaló, cabe preguntarse hasta qué punto se trata de una etnografía institucional, además de resultar llamativo que no se cuestione el concepto de “pueblos originarios”, el cual —a su manera de ver—“tiende a reactivar una frontera sobre quiénes pertenecen y quiénes no, con base en una ideología que apela al pasado milenario. Esto borra un largo proceso de arreglos y acomodos políticos locales, regionales y nacionales que fueron necesarios para que esa identificación funcionara y se institucionalizara”.

La autora de Indígenas de la nación, publicado en Francia en 2012 y traducido por el Fondo de Cultura Económica en 2017, consideró necesario debatir más estas categorías en las que se han constreñido a los sujetos de estudio, valorando qué características se les asignan y qué historicidades se están reconstruyendo, pues “sería una oportunidad desperdiciada eludir este debate sobre el concepto mismo de alteridad”.

En la mesa virtual, moderada por la coordinadora nacional de Antropología del INAH, Paloma Bonfil Sánchez, también participó el antropólogo español Pedro Pitarch Ramón, quien estimó que, posiblemente, el Programa Nacional Etnografía de las Regiones Indígenas de México sea el proyecto de mayor envergadura realizado en América, partiendo de la infraestructura a nivel nacional que aporta el propio INAH, una institución con más de ocho décadas.

Asimismo, opinó que ha sido una iniciativa poco promovida fuera de las fronteras nacionales. Su importancia, sin embargo, “no solo radica en su magnitud, sino por el momento en que arrancó, cuando la actividad de trabajo entre las poblaciones indígenas había disminuido mucho en México. En la década de 1990, era claro que hacer etnografía entre estas poblaciones se consideraba arcaico”.

Ante esa retracción, finalizó el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, este programa nacional del INAH “contribuyó a retornar a la etnografía básica, facilitando así el surgimiento en los últimos 20 años de nuevas y brillantes generaciones que están renovando la etnografía indígena en Mesoamérica”. (Comunicado de Prensa)

13/10/2021